Artículo: El Taller Azul

Alma: es la memoria del cuerpo (María Paula, 10 años)
Corazón: el tambor del alma (Agustina, 7 años)
                         En El pequeño ilustrado. Diccionario biciclopédico.
 
Biblioteca: el lugar donde duermen las historias (Sofía, 9 años)
Escritor: es un mago del lápiz (Francisco, 10 años)
Poeta: un señor que escribe palabras que se quieren entre sí (Katja, 12 años)
                                         En Pequeño ilustrado 2. Diccionario triciclopédico.
 
 
Besar: atrapar el corazón del otro con la boca. ((Rosario, 10 años)
Suspirar: tirar aire pintado de amor (Bermarda, 10 años)
                         En Pequeño ilustrado 3. Diccionario verborrágico.
 

En la ciudad de Salta hay un espacio para niños que combina juegos literarios y plásticos. El Taller Azul fue creado por Silvia Katz en 1987 con la idea de ofrecer “un espacio de arte para chicos con pajaritos en la cabeza”. Y desde 1995 Silvia edita, bajo el sello Ediciones Laralazul, un libro al año que reúne el trabajo de los chicos en el taller.

Los primeros libros contienen cuentos y dibujos realizados por chicos de entre 4 y 12 años, de modo que no se trata de literatura para niños sino de literatura escrita por niños. Los títulos de esta “serie” son: De unicornios y pegasos (1995), Hay un duende en mi sopa (1996), Bichonario estrafalario (1997), ¿Acaso una cosa hace caso? (1998), Con cierto desconcierto para cuerdas y cuerdos (1999), El libro verde del taller azul (2000), Los juguetes se divierten (2001), Sana sana colita de rana (2004) y Por arte de magia (2005).

Entre 2006 y 2008 el fruto anual de los talleres fueron diccionarios. En El pequeño ilustrado. Diccionario biciclopédico (2006) y El pequeño ilustrado 2. Diccionario triciclopédico (2007), los niños definen palabras de todo tipo, concretas y abstractas, amorosas y escatológicas o afines (aparecen, por ejemplo, “pis, “baba” y “eructo”), políticamente correctas para la infancia y también esas que algunos no se atreven a tomar como tema o censuran en los libros para niños (por ejemplo, figuran “muerte”, “paliza” y “depresión”). El pequeño ilustrado 3. Diccionario verborrágico (2008) recibió el premio Destacado Alija 2008 en la categoría Arte; este se diferencia de los anteriores porque las palabras definidas en él son siempre verbos.

Los diccionarios reúnen el pensamiento infantil de un modo muy interesante. Como señala Adela Basch, en el prólogo al último diccionario pero su descripción es extensible a todos, es un diccionario único y atípico. No ha sido cortado por la misma tijera que dio forma al común de los diccionarios. (…) este diccionario es diferente: no pretende establecer normas, no pretende unificar lo diverso, no pretende ser dueño de un saber que no permite cuestionamientos. Por eso aquí está presente la fuerza vital de la creatividad y está definitivamente ausente el aburrimiento. Además, se trata de diccionarios ilustrados ya que reproduce algunos de los cuadros realizados por los chicos en el taller.

En los dos últimos años el juego con el lenguaje y la expresión artística dio origen a libros de preguntas. Dando rienda suelta a la fantasía el libro de 2009, Qué pasaría si… Ensalada de preguntas, respuestas y fantasía, es una increíble sucesión de preguntas y respuetas hipotéticas. Libro de preguntas posibles e imposibles es el resultado de 2010 (tiene video de presentación, parte I y parte II) y plasma las respuestas de los chicos a las poéticas preguntas de Pablo Neruda en su Libro de las preguntas, así como también los propios interrogantes que comenzaron a plantearse los talleristas. En ambos casos, el lenguaje se complementa con las expresiones plásticas de los niños.

Cada año los trabajos del taller son expuestos en la ciudad de Salta. En 2009 y 2010 la muestra se realizó en la Casa de la Cultura.

El trabajo de este taller les facilita a los chicos la tarea de hacerse grandes, y a los grandes la de balbucear un poco, como señala Pablo Henríquez en el prólogo de El pequeño ilustrado. La lectura de los diccionarios y los libros de preguntas, además de divertir (y a veces hacer reír a carcajadas), estimulan la imaginación, ya sea para escribir, pintar, convertir el aula en taller, jugar con las palabras.

Tal vez no se trate de libros para niños, pero indudablemente son libros que pueden abrir una puerta a la fantasía de los chicos (y ¿por qué no? también de los adultos).

¿Por qué existen los porqués?
Porque si no existieran, los niños no podrían preguntar. (Delfina, 7 años)
Para los porqués de la felicidad. (Ulyses, 7 años)
 
¿A dónde van las preguntas que no se responden?
A las puertas del olvido. (Valentina, 8 años)
A la ciudad de la Intriga. (Luciana, 12 años)
Al mundo de la interrogación. (María Belén, 12 años)   
                                   En Libro de las preguntas posibles e imposibles.
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