Artículo: Las dificultades de la crítica de LIJ

La literatura infantil y juvenil es parte de la literatura universal, ¿por qué no sería entonces la crítica de libros para niños y jóvenes parte de la crítica literaria? Es posible responder esta pregunta en pocas palabras, pero dejaré la respuesta al artículo La crítica en la Literatura infantil y juvenil de Jorge de Barnola para otro momento ya que son muchos los argumentos sólidos para pensar que la crítica de LIJ no es ni escabrosa ni irreal.Revistas de crítica de LIJ

¿Cuáles son las dificultades de la crítica de LIJ? Se trata de una tarea cuya complejidad es posible de plasmar en, al menos, 8 puntos:

  1. Un emisor, dos destinatarios. Los críticos son, ante todo, mediadores entre los libros y los lectores. En el caso de la LIJ, como bien sabemos, los libros tienen un doble destinatario (adulto mediador y niño/joven), de modo que es frecuente que el lector de la reseña o artículo crítico sea un adulto. Y si esto ocurre es muy probable que, a su vez, este lector se vuelva mediador. Esto hace que se complejice el circuito de comunicación.
  2. Libros vs. niños. En la crítica de LIJ se presenta un problema inexistente en la crítica de literatura para adultos donde nadie se preguntaría si como crítico debe estar del lado del texto o del lector. La literatura infantil y juvenil se define por sus destinatarios, por su púbico específico. Por este motivo, surgió la polémica ¿ya resuelta? entre book people y children people. En el caso de los primeros, los autores están preocupados por buscar y encontrar los mejores criterios para separar la “verdadera literatura” del material de lectura (Meek, 1982). Por su parte, en el mundo anglosajón se reúnen bajo el nombre de children people aquellos habituados a trabajar con niños y preocupados por su desarrollo psicológico (Meek. 1982). Muchas corrientes críticas son reticentes a esta doble mirada, pero es necesario que el crítico no solo considere el libro sino también el lector. Así, el crítico debe atender ambos bandos para cinchar del mismo lado.
  3. Lector en construcción. Si se piensa en el niño como un lector en formación es necesario no solo considerar que el libro sea bueno en sí mismo sino también que sea recomendable para la formación del joven lector. Y la expresión “en formación” se vuelve clave.
  4. Es imposible enamorarse de lo que no se conoce. Si bien también puede suceder con los adultos, en el caso de los niños y jóvenes aumentan las probabilidades. Un lector que se está construyendo sabe lo que le gusta y seguramente conoce lo que no le gusta, pero también hay que tener presente que en su carácter de “en formación” puede desconocer aquello que tal vez le guste pero no conoce su existencia. Porque se trata, en definitiva, de cultivar el gusto y el interés. Y en este punto el mercado puede, para bien o para mal, meter la cola.
  5. Objeto cultural y objeto comercial. Como sabemos, el libro es un objeto cultural. Pero al mismo tiempo es un producto de mercado y, como en todo ámbito comercial, el objetivo es vender. Esto no diferencia a la LIJ de la literatura para adultos, pero si se dificulta la tarea al analizar el crecimiento del área (tanto en cantidad de títulos nuevos como en cantidad de tirada por título). Pero, además, en la LIJ hay un mercado cautivo, puesto que la escuela pide, demanda, impone. ¿Cómo evitar que el mercado y la escuela manden? Probablemente aquí es donde más debe agudizarse el ojo del crítico de LIJ, y una vez bien entrenado es necesario que cuente con espacios de difusión. La crítica de LIJ –en teoría– existe pero ¿en qué espacio real desarrolla su existencia?
  6. Entre la crítica y las reseñas publicitarias. Aunque en el último tiempo (¿en Argentina?, ¿en Latinoamérica?) estuvo más presente, la crítica de LIJ cuenta con muchísimo menos espacio en la prensa no especializada. No existen, por ejemplo, columnas fijas en los suplementos literarios de los diarios de mayor tirada; y en su mayoría, lo que se ve son reseñas comerciales disfrazadas de reseñas críticas. En Argentina, la prensa especializada, ante la ausencia de subsidios y debido a las reales dificultades económicas y del día a día, está diezmada. Esto genera que los críticos de LIJ estén en desventaja comparados con los críticos de literatura general. Y, sobre todo, esto provoca que los mediadores (sean padres, abuelos o docentes) naden en las aguas profundas (del mar de libros que se edita por año) sin siquiera un salvavidas.
  7. ¿Qué mirar? El crítico de LIJ no solo debe escudriñar el texto sino, cuando se trata de un libro álbum o de un libro ilustrado, también debe analizar la imagen. Solo así podrá dar una opinión justificada sobre la calidad literaria y estética. Cabe preguntarse cuánto sabe el crítico literario sobre crítica de arte. Y también es pertinente reconocer que suele sortear los escollos que se le presentan.
  8. Crítica negativa ¿sí o no? La crítica negativa o comparativa puede ser muy constructiva. Basta como ejemplo “¿De qué hablamos cuando defendemos los libros de calidad?” de Sandra Comino, publicado en la valiosa revista La Mancha. Papeles de Literatura infantil y juvenil Nº 20, donde rápidamente queda claro qué leer y por qué leer y de qué prescindir. Pero, si partimos del hecho de que la crítica de LIJ casi no aparece, ¿qué sentido tiene que aparezca para desmerecer? Como señala Germán Machado, “¿qué necesidad?”. Por suerte, muchas veces, la crítica negativa no tiene impacto negativo sino que provoca que sus lectores salgan a buscar ese libro que el crítico no quiere. Seguramente sobran los ejemplos, solo uno de ellos: Las visitas, de Silvia Schujer, fue publicado por Alfaguara en 1991 y recibió críticas negativas en la prensa (como la de Malinow, publicada en La Gaceta de Tucumán en 1992); sin embargo hoy, veintidós años después, el libro aún permanece en el fondo editorial, sigue siendo un buen libro y continúa teniendo lectores. En este sentido, es posible pensar que la crítica negativa también genera la venta (impidieron que el libro sea descatalogado) y circulación del libro. Tal vez esta sea una buena estrategia para combatir la mala prensa y favorecer la obra. Aunque esto, claro, no soluciona el problema de que la crítica de LIJ es apenas visible.

En síntesis, en teoría la crítica de LIJ no solo existe sino que es una tarea aún más compleja que la crítica para adultos. En la práctica, la crítica de LIJ tiene que seguir remando en aguas cada vez más vertiginosas o bien podríamos pensar que, como sucede en el cuento chino “Los dos ratones”, si seguimos nadando en la leche en algún momento nos pararemos sobre la manteca.

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5 comentarios

  1. Me gustaría comentarte mi experiencia con “Las visitas” de S. Schujer, en una escuela.
    Por aquel entonces yo era docente de quinto grado y me había llegado una revista que proponía trabajar temas vinculados a la “educación sexual en la escuela” desde textos literarios para chicos. Entre esos textos, estaba “Las visitas”, propuestas para niños de 10 años. Recuerdo que, el hecho de que el suplemento tuviera propuestas literarias clasificadas por edades hacía que me mantuviera muy motivada para leela con mis alumnos. Y así fue, mientras leíamos en la biblioteca, en donde también participaba la bibliotecaria noté que todo el alumnado seguía atento a la lectura. El hecho de un padre preso y la descripción de la entrada a la cárcel antes de la “visita” hacían que todos se “engancharan” y aún más cuando llegó un momento de la lectura en donde un alumno dejó de leer porque aparecía una “mala palabra”. A partir de allí se produjo un debate interesantísimo. Pero al año siguiente, la nueva directora de la escuela prefirió que esa novela no se leyera en la escuela por “las malas palabras”. A pesar de toda la fundamentación que yo le di a mi nueva superioridad, no hubo caso y ese año con mis alumnos y la bibliotecaria leímos Toby de Graciela Beatriz Cabal.
    Después de unos años de haber recorrido otras escuelas supe que algunas colegas toman a “Las visitas” de Schujer para leer con sus alumnos.
    En lo que a mí respecta todavía sigo pensando en el tratamiento de la “mala palabra” en la escuela. Justamente este año surgió una conversación con la nueva bibliotecaria de mi escuela que, si se me permite, contaré en otro comentario.
    ¡Gracias por este espacio!.

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