Reseña: 23 microcuentos

Como mermelada de frutillas, higos en almíbar o pepinitos en vinagre estos microcuentos vienen en frasco. Y es posible sacar de él los papeles cuidadosamente doblados y saborear los relatos uno a uno o darse un atracón de historias, todas mínimas, porque de eso se trata un microcuento: un cuento mínimo. Estos microrrelatos de Gimenez roban sonrisas e interrogantes con las palabras exactas –y tan limitadas como la edición–, un manjar digno de este frasco de delicias diseñado y de papeles plegados por Natalia Méndez.

23 microcuentos es uno de los tres títulos con que el emprendimiento de23 cuentos 2 libros artesanales Dábale Arroz salió al rodeo. Sin duda es un proyecto original y necesario, puesto que nos pone a pensar en las reglas del mercado y demuestras que hay otros modos de producción, probablemente más cercano a lo artístico que a lo comercial, más próximo a lo primigenio que a las nuevas tecnologías. Pero sin dejar detalles por el camino y de la mano de lo creativo y lo exclusivo, porque las ediciones son limitadas de veinte ejemplares numerados.

Este ¿libro? ¿libro objeto? ¿objeto estético-literario? invita a sorprenderse con cada bocado y a divertirse, porque ¿no es acaso el frasco ideal para abrir a la hora del postre o para acompañar el café como bombones exquisitos?

Es posible adquirir este frasco de excelencia literaria y estética en la librería El libro de arena.

Bon appétit!

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